sábado, 30 de enero de 2010

Toda la sal del mundo

Cuando tenés toda la sal del mundo, por ejemplo, podés darte cuenta un día que tu lavarropas no funciona. Pero ni siquiera prende. Entonces, empezás a llamar a service recomendados. Ninguno quiere arreglarlo porque se va a volver a romper. Y ahí te agarra la desesperación. No tener lavarropas es tan grave como si se te muriera una persona muy querida. Paciencia. Laverrap para la ropa y los calzones a lavarlos a mano.
Cuanto tenés toda la sal del mundo, podés tener un marido, amoroso como el mío, que te consigue un Lavaurora genial por muy poca plata y encima recupera lo gastado vendiendo el que no funciona. Pero si tenés un marido amoroso como el mío no olvides revisar VOS la instalación. Porque puede pasar que no sepas que el Lavaurora calienta el agua para lavar. Y te puede pasar, también que te haga un corto y no funcione más después de haber hecho sólo tres lavados. Pero por suerte, te pueden recomendar al señor Carlos, que no te engaña y te cobra cincuenta pesos para arreglar un cable y revisar que todo esté bien.
Cuando tenés toda la sal del mundo, podés perder el celular en un taxi y que el tachero no te lo devuelva. Pero previo a eso, meses antes, podés casi morir desnucada por pisar un pajarito con la bicicleta. Podés buscar un departamento para mudarte y que las cosas salgan tan, pero tan mal que, cuando ya tenés todo embalado y el flete contratado, te avisen que no podés mudarte.
Cuando tenés toda la sal del mundo, podés pasar Navidad y Año Nuevo sin gas y permanecer así un tiempo más. Hasta que vienen los señores de Metrogas y revisan tu casa, se dan cuenta de que es segura (a pesar de que el pico de la estufa esté tapado con la biblioteca) y, finalmente, te dan gas. Entonces, ya podés cocinar como la gente y podés bañarte sin caminar dos cuadras, pero tenés la garrafa que te habían conseguido que te molesta soberanamente. Y cuando ya estás tranquila porque tenés gas, te das cuenta de que el gasista matriculado no puso bien las rejillas de respiración y que en cualquier momento se van a caer (ojalá que no sea en la cabeza de tu hija). Y encima, ya le pagaste todo, todito.
Cuando tenés toda la sal del mundo, te pasás una mañana entera alabando tu heladera viejísima delante de tu suegra y, cuando a las once de la noche llegás a tu casa con la nena dormida, te das cuenta de que tu heladera viejísima está descongelada (y con este calor!) y el motor hace un “rrratata” raro y no arranca. Corrés a la casa de tu abuela (que es una divina porque te dio las llaves) a llevar las cosas que todavía están frías. A la mañana siguiente, llamás al service. Presupuesto: mil doscientos pesos. Ni hablar. Compremos una con freezer, mi amor. A la larga, es más barato. Aparte, no tenés tanta guita para pagarle al señor Carlos. Si cuando no tuviste lavarropas pensaste en el fin del mundo; sin heladera, con treinta y nueve grados de térmica, directamente estás en el infierno. Pero tu marido, amoroso como el mío, compra una nueva a pagar en cuotas que casi no valen nada por mes.
Cuando tenés toda la sal del mundo, terminaste de limpiar toda tu casa y te disponés a relajar un poco, escuchás un estruendo en el patio. Efectivamente, confirmás tu sospecha. Se cayeron las rejillas de la cocina. El material salió por la ventana y te ensució el patio y las piedritas se metieron en la piletita de la nena.
Cuando tenés toda la sal del mundo te puede pasar que quieras colgar las llaves en este cosito bonito que te hizo tu papá (que también es amoroso, un poco malhumorado pero amoroso):






Entonces, si tenés toda la sal del mundo cuando quieras colgar las llaves en el cosito, no sabés cómo pero se desengancha y la cámara de fotos viejísima que tiene encima te pega al costado del ojo. Te queda un chichoncito medio verde con un punto rojo. Y para colmo, tu marido, amoroso como el mío, te dice que le rompiste la cámara.
Cuando tenés toda la sal del mundo; a pesar de todas las cosas que te pasan, podés pensar que siempre puede haber algo peor.

5 comentarios:

Jota dijo...

bienvenida al mundo loser
eso nos pasa a algunos

La Maga dijo...

aaaaaaaahhh buenoooo!!! todaaaaaaaa la sall!!!por dios!!!!! igual y pese a todo me hizo reir tu manera de contarlo,una grossa.
besos

triturador amoroso dijo...

Nunca crei que me ibas a ser reir con algo tuyo! Ahora si queres... podemos hacer una revista de humor... pero recorda: YO SOY EL DIRECTOR.

El triturador amoroso!

Anónimo dijo...

Evidentemente a vos te está meando el hermano del Mamut que me mea a mí.

Ya estoy en busca de un cazador furtivo si querés le pregunto si nos hace precio por dos.

¡Dale decí que sí!

Exekiel dijo...

Que bueno es volver a estar aqui... a disfrutar de tus letras tan cotidianas, tan simples, pero a la vez tan profundas...

Un gran abrazo Mangosta...
Es un gran placer volver a leerte...